Haikú

Fiel espina del tiempo, creciste chueco y sobreviviste a la tempestad del recuerdo, al olvido en la tierra. 
Las telarañas entre tus espinas dan cuenta de las horas que has pasado bajo el sol, bajo el amor y la fluidez de la vida.

En las tardes te vistes de dorado por una mitad, la otra queda en penumbras y la noche existe para quienes te habitan.

Creciste, te elevaste, de unos años a la fecha te estiraste y eres sombra de cochinillas, hormigas y arañas.

En tus siete costillas se encuentra el paso al declive, la añoranza, un suspiro.

Órgano de lo que crece y fluye, lo que queda, de la fugacidad y el viento que silva entre tu cuerpo.

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