Metáfora.

No olvida quien finge olvido, sino quien puede olvidar. -Mario Benedetti-

Para olvidar, la vida tendría que ser como un momento en la playa. La arena sería un monton de caminos que tomar, las huellas el pasado que vamos dejando y seguimos marcando, el mar con su oleaje profundo sería el tiempo borrando esas huellas de la arena infinita y trayendo consigo conchitas y esqueletos de los habitantes del tiempo espumoso que choca con la realidad. Entenderíamos que la pena es una ligera lluvia que cae en ésta la menos eterna de las playas que cambia con la tempestad.

Una nube temporal pasaría por sobre de nosotros para mojarnos con la fría esencia del vivir en constante cambio. El sol con sus fauces ardientes, cobijaría las ilusiones y, al eclipsar a la luna, los recuerdos vendrían como ordas sedientas de lágrimas, sólo para que al final del fenómeno quede de nosotros el esqueleto de una memoria.

Al final, en los numerosos escritos, vueltos a la vida en penumbras y con un rayo de luna apenas visible, condenamos nuestra estupidez y el fracaso de las ilusiones.

Deseos palpitantes, ojos rotos, olvido que nos cobija como acto que precede a la última voluntad de nuestra memoria y la frágil voluntad de vivir.

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