Espejo

En las notas absurdas e incongruentes de mi corazón, descubrí el mar de mentiras en mi rostro, un espejo de obsidiana y falsa santidad.

Acepté al espejo fulminante que se posó sobre mí sin dudas ni respuestas, sólo para enseñarme el rostro de la vergüenza.

Le grité reproches absurdos y cuando me di cuenta era yo mismo. Ese reflejo me hizo ver quien queda, qué abrazo y qué dejo ir.

Aquí, sentado en las estrellas de tu cabello, me descubro hablándote sin que me escuches, tocando tu nariz y diciendo “perdón”.

Recibo toda la estupidez que soy, todo el odio de tus manos. Te pido me ahorques con tus largos cabellos mientras no dejes de mirarme a los ojos.

Mátame con más vergüenza, en la penumbra de un olvido definitivo. Sácame los ojos, llena las cuencas con tierra, llévate mi lengua y dásela a las serpientes, tírame y hazme sentir qué tan ridículo soy.

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